La situación del sector cultural y las artes escénicas en España

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Todo empezó a ir realmente mal en España cuando, entre 2008 y 2011, se iniciaron los recortes dictados por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, la temida Troika. Anteriormente, el sector cultural y las artes escénicas habían vivido un proceso de alrededor de treinta años de desarrollo de políticas culturales orientadas a la creación de estructuras, apoyo a la creación y a la producción de trabajos artísticos. Con mayor o menor fortuna estas políticas fueron consolidando y articulando un tejido artístico como nunca se había conocido. Las políticas de austeridad han provocado un retroceso del que tardará muchos años en recuperarse, si alguna vez lo hace.

El proceso de construcción de un tejido artístico e infraestructuras para hacerlo accesible a la ciudadanía lo llevaron a cabo las comunidades autónomas (gobiernos regionales), los municipios y en menor medida el gobierno central. Así, de manera desigual pero continua, se implementaron ayudas a la producción, a giras, se crearon nuevos espacios de exhibición y se rehabilitaron viejos teatros de ciudades medianas. Se crearon festivales, ferias escénicas, se articularon los sectores en asociaciones regionales y federaciones de alcance estatal. En definitiva,  una amplia red de teatros públicos municipales con programaciones regulares (principalmente teatro de texto) y teatros nacionales, salas independientes (o alternativas) y teatros privados de tipo comercial en Madrid y Barcelona, consolidaron la exhibición escénica.

Sin embargo, viejos hábitos de la cultura española no tardaron en aparecer. Las políticas culturales públicas pasaron a ser de interés en la confrontación política a nivel local y objeto de clientelismo político. En muchos casos los criterios artísticos de las programaciones dieron paso a los de rentabilidad política y gran parte de la producción se orientó al dócil entretenimiento. Así, muchas de las compañías teatrales históricas fueron evolucionando a empresas de producción comerciales. Todo ello envuelto en el discurso dominante en las políticas culturales de apoyo a las industrias culturales, creativas y al emprendizaje. Sin duda, a finales de los 90, el neoliberalismo había llegado al mundo de la cultura en España. Hay que tener en cuenta que el discurso de la industria cultural chocaba, en el sector de las artes escénicas, con unas estructuras de creación y producción muy pequeñas, y con recursos escasos para plantearse operaciones económicas de cierta envergadura.  

En este escenario de hegemonía de las políticas públicas orientadas al negocio de la cultura y la banalización de los contenidos sobrevivió una fuerte y vibrante generación de artistas y compañías comprometidas con la creación artística, nuevas estéticas y discursos contemporáneos. En un escenario nada favorable, la danza y el teatro contemporáneo han tenido que luchar fuerte para hacerse ver en programaciones y medios de comunicación. En la mayoría de los casos la opción internacional ha sido la más recurrente ante la falta de oportunidades en el interior y, después de la crisis del 2008, una opción necesaria para sobrevivir. Artistas y compañías como Agrupación Señor Serrano, el Conde de Torrefiel, Angelica Liddeld u Olga Mesa, por citar sólo unos pocos nombres, son ejemplos del difícil encaje que determinados lenguajes escénicos contemporáneos tienen en las estructuras de producción y difusión de España.


© Fotografía de "Guerrilla" última representación de El Conde de Torrefiel 

Otro hecho a tener en cuenta y que ha determinado el estado actual de las artes escénicas es la denominada burbuja inmobiliaria y su incidencia en el sector de las artes. Previamente al año 2008 el crédito concedido por los bancos fluía con mucha facilidad. En este tiempo el sector de la construcción, con el apoyo financiero de los bancos, se lanzó a una carrera frenética para comprar terreno y construir viviendas. Por su parte, el sector cultural no quedó ajeno a esta fiebre, en este caso liderado por las instituciones públicas. Se construyeron multitud de centros culturales y escénicos, algunos inspirados por políticos megalómanos, que en la mayoría de los casos no disponían de proyecto artístico, carecían de recursos para funcionar y resultaron sobredimensionados para las necesidades de la población a la que servían. Algunos ejemplos muy significativos: “Cidade da Cultura” en Galicia, “Ciutat de les Arts i les Ciències” en Valencia o “Ciudad de la Luz” en Alicante. Aunque a nivel de pequeños municipios los casos son muy numerosos.

En este estado de cosas llegaron los recortes. El freno de la Troika a esta insensatez y las políticas de austeridad cayeron directamente sobre las políticas sociales, educativas, sanitarias y, el más débil de todos, el sector de la cultura. 

El gasto global en cultura[1] del conjunto de administraciones públicas en España el año 2008 era de 7.090 m€. El año 2012 este se situó en 4.772 m€, lo que significa una disminución del 33% en 4 años. Aunque no se disponen los datos completos para el año 2013[2], todo indica que este año se llegó a una reducción del presupuesto público de cultura respecto al año 2008 del 47%. Nos situamos en 5 años en una disminución de prácticamente el 50%. Teniendo en cuenta que el personal de las administraciones públicas en este tiempo se mantuvo estable, se puede afirmar que la reducción en proyectos culturales y artísticos fue significativamente superior  al 50%.

Desgraciadamente esto no fue todo. La subida al poder del partido de la derecha por mayoría absoluta a finales del año 2011 dio paso a dos hechos transcendentales. De un lado,  la subida del IVA para la cultura del 8% al 21%. Por otro, el anuncio por parte del gobierno de compensar los recortes a la financiación pública a la cultura con una ley de mecenazgo por la cual se prometían generosas exenciones fiscales a las donaciones. Esta ley nunca ha visto la luz. Si la primera medida dio un golpe mortal a la circulación artística, la ausencia de la segunda consolidó la reducción de fondos públicos a la cultura sin ninguna otra contrapartida.   

El resultado de estos años de crisis se evidencia en la situación precaria de las condiciones de vida de los profesionales de las artes. En un reciente estudio  de la FUNDACIÓN AISGE[3] (Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión) se pone de manifiesto que del total de artistas españoles, únicamente el 8,17% ingresan más de 12.000€ anuales. También se indica que el 57% se encuentran desempleados. De los artistas que sí trabajan, más de la mitad no supera los 3.000€ de ingresos anuales. Además, las mujeres sufren una tasa de ocupación seis puntos inferior a los hombres, cobran menos y trabajan sin contrato en más ocasiones. En este escenario, la necesidad ha hecho implementar nuevos modelos de gestión. Las compañías escénicas y las producciones son más pequeñas, con una estructura mínima y sin personal artístico contratado. También, cada vez más mantienen una apuesta decidida por la movilidad internacional de los artistas y de sus producciones. 

Si bien es cierto que la crisis ha dado un golpe muy duro a las artes escénicas en España, no lo es menos que también ha provocado una reacción en los sectores culturales. De la mano de los nuevos movimientos políticos y sociales que surgieron a raíz del 15M (movimiento de los indignados, de ocupación de las plazas, etc.) una parte del sector cultural ha sido activo en redefinir su rol en el contexto social y político actual. Nuevas narrativas se han estado elaborando sobre el papel de la cultura y las artes en el mundo actual, destacando la democratización y transparencia del sector cultural, la igualdad de oportunidades para acceder a las direcciones de las estructuras públicas, la proximidad, la cultura popular y la cultura contemporánea, la cultura libre y la cultura en común y la necesidad de un estatuto social para los artistas. 

La serie de elecciones que han tenido lugar en el último año han empezado a dibujar un nuevo mapa político en España. De la apabullante mayoría del partido de la derecha en todos los niveles de las instituciones públicas se ha pasado a un mapa más diversificado. Las grandes ciudades, en general, han optado por el cambio político y esto también se deja ver, aunque tímidamente, en la cultura y las artes escénicas. Así, nuevos concursos públicos más transparentes se han abierto para la dirección de equipamientos culturales en Madrid, Barcelona, Valencia. Estas son pequeñas puntas de lanza de un cambio de tendencia que podría llegar a otras ciudades y regiones. Por otra parte, también se producen dolorosos pasos atrás; el cambio no está consolidado. El caso de Barcelona es sintomático en donde, por pactos políticos, el área de cultura ha vuelto a las personas que siempre la gestionaron, las cuales no parecen estar deseosas de realizar cambio alguno. Así, se ha dado vuelta atrás a los concursos para la dirección del festival “GREC” y el “Mercat de les Flors”, ya prácticamente convocados después de un proceso participativo del sector artístico de la ciudad.

En definitiva, nada sensible ha cambiado, incluso los tímidos cambios pueden volver atrás, pero se va respirando un cierto aire más fresco. Un nuevo horizonte que hace vislumbrar el fin de un largo túnel por el que el sector cultural y las artes escénicas españolas ya llevan casi diez años transitando. 
 

[1] Los datos que aparecen en este párrafo están obtenidos del “Anuario de Estadísticas Culturales de 2015” publicado por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte del Gobierno de España 
[2] No se han publicado los datos referentes a los municipios. La disminución del 47% se refiere a la correspondiente a las regiones y al gobierno central.
[3] Estudio y diagnóstico sobre la situación sociolaboral de actores y bailarines en España. Fundación AISGE – 2016 

Toni Gonzalez
Toni González (Ingeniero industrial y actor) es consultor para las artes escénicas y la gestión internacional de la cultura, también opera bajo el nombre "Escena Internacional BCN". Ha sido durante más de 25 años productor e impulsor de proyectos culturales y artísticos a nivel internacional. Además, ha sido miembro de IETM desde 1999 y actualmente forma parte de su Junta Directiva. 

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